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miércoles, 19 de mayo de 2010

Hace unas semanas, recibimos un artículo de Paco Máñez en el que analizaba las figuras de dos grandes literatos españoles: Miguel Hernández y Miguel Delibes. Aunque aparentemente no tenían nada en común, es interesante leer las reflexiones de Paco y al mismo tiempo sacar las nuestras propias. Aquí tenéis el texto al que me refiero:

TESTIGOS DEL SIGLO XX: MIGUEL HERNÁNDEZ – MIGUEL DELIBES Conmemorando el Centenario del nacimiento de Miguel Hernández, muere Miguel Delibes el 12 de marzo a los 89 años, nacido diez años después que lo hiciera el pastor poeta, en esta tierra junto al Mediterráneo, tierra surcada de mares y palmerales cálidos “alto soy de mirar a las palmeras” y oasis con sabores orientales para la vida plena; tierra que a principio de siglo, era tierra de fango y miseria para la mayoría de los desheredados que continuaban atados a la cadena de la ignorancia, y la miseria secular y el analfabetismo vigente, en el siglo más convulso de la historia, el siglo XX.
Miguel Delibes, en su reciente muerte después de que “la vejez y la enfermedad lo fueron volviendo discretamente invisible” fue hijo de la estepa castellana, donde por primera vez vio las estrellas desde aquellas tierras recias, donde el término medio existe poco entre el frío estepario y el calor tórrido asesino; …“más alto en persona, con lustre rojizo” de aquellos fríos y soles extremos que también marcaron la aridez de la historia, que también imposibilitó la libertad de conciencia y acción del El Hereje –última obra literaria suya- reflejo de la antigua inviolable mística castellana, ceñida también al rigor criminal de la inquisición.
A Hernández y Delibes la guerra civil, les hace luchar en bandos opuestos. El viento de denuncia literaria de Delibes se uniría espiritualmente al poético de Hernández para encontrarse en el huerto árido doloroso de la España trágica de la posguerra, lejos ya de los campos de batalla de la guerra civil más atroz de toda la larga historia de este país, en la que se gestó, después de la Primera guerra Mundial, el caldo de cultivo para desarrollar la Segunda.
Miguel Hernández se murió soñando “volverás a mi huerto y a mi higuera” para toda su eternidad con Josefina, su mujer y Delibes, desde que murió Ángeles la suya, evocará lo mejor de “su equilibrio y la mitad de sí mismo en aquella Señora de rojo sobre fondo gris”, cuya dolorosa ausencia no podrá ayudar a conllevar las injusticias y nuevas atrocidades del día a día hasta sus 90 años, en que ya oliendo su próxima su muerte no le importa decir: no quiero vivir más en este mundo. Mundo caótico y vergonzante ante el descalabro financiero del que, como en aquellos felices años mientras los ecos de las músicas de las de los felices años 20 sonaban al ritmo del charlestón, se volvió a repetir la historia del primer Crac en Nueva York en que, como este, machacó y machaca a los más débiles.
Miguel Hernández, prisionero,-“ porque no hubo plaza en ningún avión ni pasaporte de última hora para quien había puesto su v ida entera, su nombre y su literatura al servicio de la República; para quien no podía esperar clemencia de los vencedores ni tampoco esconderse en el anonimato” -, murió el 31 de Diciembre 1942 victima de su enfermedad pulmonar ante la negativa de la dictadura de dispensarle asistencia médica en la cárcel de Alicante, donde conoció al poeta Mollá de Petrer, confraternizando con sus poesías que tanto les aliviaron en aquel infierno.
Mollá, me contó que, también él enfermo en la misma enfermería, pasaba muchas horas junto a Miguel hablando y que sus enormes ojos se llenaban de lágrimas cada que le pedía que leyera su poema Alma, posteriormente traducido a varios idiomas. Aquellos ojos enormes como dos soles a sus 26 años, se quedaron para siempre aferrados y constituyeron todo un símbolo de alerta, gracias a que el dramaturgo Buero Vallejo, también preso, dibujara su imagen a lápiz cuando murió abandonado a su destino.
También los ojos de Delibes se quedaron siempre abiertos y espantados del horror de la guerra, si bien, antes de que lo movilizaran, a los 17 años decidió enrolarse como voluntario en la marina porque: casi con seguridad iban a destinarme a infantería y me horrorizaba la idea del cuerpo a cuerpo, la guerra en el mar era más despersonalizada, el blanco era un barco, un avión… nunca un hombre. A pesar de ello quedó profundamente marcado para siempre: Si fuera posible hacer un estudio médico de las personas que luchamos en aquella terrible guerra, resultaría que los mutilados síquicos somos bastantes más que los mutilados físicos que airean sus muñones.
A Delibes también le gustó el dibujo y se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios y en 1941 ingresa como caricaturista en periódico El Norte de Castilla de su Valladolid, cuando “el azar le hace descubrir la belleza del lenguaje y la eficacia de la metáfora y el adjetivo oportunamente empleado”, pasando a ser luego redactor con una formación autodidáctica. En lo que a lo literario se refiere escribió su primera novela La sombra del ciprés es alargada consiguiendo el premio Nadal en 1948, y diez años después es nombrado director del periódico.
Desde la dirección del diario, Delibes -gran aficionado, también a la caza y a la pesca -, emprende una serie de campañas a favor del medio rural al ver cómo se va olvidando y desmoronando ante la impasibilidad del régimen que lo marca y censura, obligándolo a dimitir en 1963; no por ello abandona la denuncia de la postración de Castilla, utilizando para ello la narrativa. Su novela Las Ratas (1962) y la posterior versión cinematográfica que de ésta lleva a cabo el director Antonio Giménez Rico, constituye la verdadera epopeya novelada de la tragedia del campo castellano. Otros títulos importantes son El Camino, La hoja Roja, Cinco horas con Mario, Parábola del naufrago, hasta llegar a su última novela El Hereje, considerada su obra cumbre, si bien se considera que su vida literaria fue válida, aunque sólo hubiese escrito la novela Los Santos inocentes, llevada al cine con maestría.
Delibes recibió los premios más importantes de las letras hispanas, incluido el Cervantes -concedido en 1993-, ha sido uno de los autores españoles más adaptados al cine y al teatro, y uno de los precursores en las denuncias de las graves consecuencias que, como el cambio climático, devienen de la persistente agresión humana a la naturaleza. Así lo auguró el 25 de mayo de 1975 cuando leyó su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua, posteriormente editado con el título de "Un mundo que agoniza” El sentido del progreso desde mi obra" (1979), defendiendo en su discurso fundamentalmente al hombre: “porque pienso que este progreso de la producción en cadena es antihumano, y en segundo lugar defiendo a la naturaleza que es el chivo expiatorio de este desarrollo tecnológico desenfrenado”. Se proclamó observador de la vida y próximo a la hipersensibilidad. “Miro a mi alrededor y observo lo que sucede a mi lado y me asombra la falta de comprensión de una personas con otras”.
Si un personaje como Delibes resulta una anomalía para la dictadura franquista, como sentencia Antonio Muñoz Molina, en Hernández se verifica los mejores sentimientos de lucha y el verdadero afán de cambiar aquella sociedad, optando por conocer la guerra cara a cara, y… “con los cojones del alma” acude a primera línea, cavando trincheras, y viviendo en los frentes con los soldados desde que se alistara al Quinto Regimiento. Benjamín Prado escribe: “Miguel es un ruiseñor que canta en medio de las batallas, un poeta que crea con la pureza del alma mientras suenan los obuses y revientan las entrañas.” Y en este significativo texto que bien pudiera ser su testamento o epitafio añade: …”Los poeta somos el viento del pueblo: nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia cumbres más hermosas. Hoy, este hoy de pasión, de vida, de muerte, nos empuja de un imponente modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo. El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidos al pie de cada siglo.”Miguel con su muerte se reveló contra los dogmas y la violencia.
Francisco Máñez Iniesta
Bibliografía:
-LA VIDA BREVE DE MIGUEL HERNANDEZ. TRIBUTO AL GENIAL ESCRITOR EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO. ESCRIBEN ANTONIO MUÑOZ MOLINA, ELENA MEDEL, LUIS MUÑOZ, ALFONSO GUERRA, BENJAMIN PRADO, JOAN MANUEL SERRAT, EUTIMIO MARTIN, LUIS GARCÍA MONTERO. EL PAIS Nº1745. MADRID 2010.
-ALTO SOY DE MIRAR A LAS PALMERAS, DE MARÍA ÁNGELES SÁNCHEZ.
EL PAIS EL VIAJERO 20-03-10. MADRID,
-DELIBES A LO LEJOS DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA. BABELIA 956 - 20-3-10 EL PAIS, MADRID. -MIGUEL DELIBES, NOVELISTA DE CASTILLA. NORTE DE CASTILLA. ES

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