TAMBIEN LA TUYA

Como ves, intentamos hacer llegar a todos Nuestra Opinión, pero esa intención no sería totalmente válida, ni estaría completa, sin conocer que opinan sobre los temas tratados aquellos que nos visitan y que, por supuesto, tienen mucho que decir al respecto.
Este foro será más objetivo con lo que todos podamos aportar, por tanto...ADELANTE, ESCRIBE:

sábado, 26 de junio de 2010

AQUEL ARTÍCULO DEL QUE NADA SABÍAMOS



Posiblemente, el de esta semana sea el artículo más polémico que el grupo ha publicado. Desde su redacción hace casi un mes, han pasado muchas cosas, pero al fin ve la luz en las páginas habituales. Mucho se ha especulado sobre el motivo de esta tardanza, sin embargo, creo que es justo decir que la causa ha sido la gran cantidad de trabajos que la redacción de valle recibe cada semana, por lo que, el espacio que en los últimos números la publicación nos ha dedicado, ha habido que compartirlo con otros autores. Pero lo importante es que, por fin, nuestra opinión sobre un tema tan controvertido como es hablar de política y más de la local, ha visto la luz tal como nosotros queríamos.

Bien amigos, hasta aquí hemos cumplido con un cometido que nos propusimos hace siete meses. Al principio el objetivo era trabajar hasta el mes de abril, ahora vemos que ese empeño se ha alargado hasta finales de junio, nos ha permitido llevar a cabo trabajos que no estaban pensados en el programa inicial y además, tenemos un porvenir bastante halagüeño para el próximo curso.

Los últimos días no han sido demasiado buenos, ha fallecido uno de nuestros amigos, José Poveda y también hemos pasado por algún que otro episodio de mala salud, aunque afortunadamente vamos respondiéndonos, pero con el verano, entre otras cosas llegan los nietos y ahora es el momento de disfrutar-sufrir de esta etapa que va incluida en nuestras vacaciones. Disfrutad del verano, sabéis que en la biblioteca de Elda nos podréis encontrar cuando queráis y más adelante, sobre la segunda quincena de septiembre retomaremos la actividad con todo lo preparemos durante los próximos meses.

AQUEL ARTÍCULO DEL QUE NADA SABÍAMOS

Posiblemente, el de esta semana sea el artículo más polémico que el grupo ha publicado. Desde su redacción hace casi un mes, han pasado muchas cosas, pero al fin ve la luz en las páginas habituales. Mucho se ha especulado sobre el motivo de esta tardanza, sin embargo, creo que es justo decir que la causa ha sido la gran cantidad de trabajos que la redacción de valle recibe cada semana, por lo que, el espacio que en los últimos números la publicación nos ha dedicado, ha habido que compartirlo con otros autores. Pero lo importante es que, por fin, nuestra opinión sobre un tema tan controvertido como es hablar de política y más de la local, ha visto la luz tal como nosotros queríamos.

Bien amigos, hasta aquí hemos cumplido con un cometido que nos propusimos hace siete meses. Al principio el objetivo era trabajar hasta el mes de abril, ahora vemos que ese empeño se ha alargado hasta finales de junio, nos ha permitido llevar a cabo trabajos que no estaban pensados en el programa inicial y además, tenemos un porvenir bastante halagüeño para el próximo curso.

Los últimos días no han sido demasiado buenos, ha fallecido uno de nuestros amigos, José Poveda y también hemos pasado por algún que otro episodio de mala salud, aunque afortunadamente vamos respondiéndonos, pero con el verano, entre otras cosas llegan los nietos y ahora es el momento de disfrutar-sufrir de esta etapa que va incluida en nuestras vacaciones. Disfrutad del verano, sabéis que en la biblioteca de Elda nos podréis encontrar cuando queráis y más adelante, sobre la segunda quincena de septiembre retomaremos la actividad con todo lo preparemos durante los próximos meses.

sábado, 19 de junio de 2010

DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO NOBEL PRONUNCIADO POR JOSÉ SARAMAGO EN 1998



"El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama.
Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable.
Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado.Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera.Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea.
Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba.Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?".
Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo.Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa.
Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: "No hagas caso, en sueños no hay firmeza".
Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños.
Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada.
Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.
(...)
No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron. Perdonadme si os pareció poco esto que para mí es todo."

HA MUERTO SARAMAGO, UN HOMBRE FRENTE AL SISTEMA

Hay noticias que cuando las conoces te dejan descolocado. Eso es precisamente lo que me ha ocurrido a mí cuando he sabido que José Saramago había fallecido. Es cierto que 87 años es una edad muy avanzada, pero aquellos que le seguíamos y estabamos acostumbrados a su vitalidad, creo que no imaginabamos que el desenlace estuviese tan cercano, o al menos no queríamos creerlo.

Son muchos los paralelismos existentes en la trayectoria vital de este escritor y los de los componentes del grupo Alberto Navarro Pastor, así lo interpreto yo. Hijo de labradores emigrados a Lisboa en busca de una vida mejor, él no pudo estudiar, por tener que trabajar desde muy niño para ayudar a la subsistencia de su familia. Sin embargo simepre encontró un hueco para llegar a la biblioteca de su barrio y leer para formarse, para acallar la voz interna que le llevaría a convertirse en uno de los personajes claves de la intelectualidad mundial desde hace treinta años. Y ese esfuerzo le fue reconocido con la concesión del Premio Nobel de literatuta en 1998, un año más tarde que su gran amigo, el italiano Dario Fo. Ese premio lo recibió pronunciando un discurso memorable dedicado a la memoria de su abuelo, un humilde labrador analfabeto, pero que para Saramago reunía toda la sabiduría que da el contacto y la complicidad con la tierra.

Propongo un recuerdo para este hombre íntegro, que supo amar a su pueblo luso, entendiendo a la vez la necesidad de trabajar unidos por los objetivos comunes, algo que le llevó a mantener y defender la propuesta de unir Portugal y España en una gran nación bajo el nombre de Ibéria. Esta visión le hizo autoexiliarse en un recóndito lugar, la isla de Lanzarote en donde a cerrado sus ojos a la vida terrenal, solo para entrar en el parnaso de los grandes. Leamos su obra, comentemos su ideario, seguro que no nos deja indiferentes.

viernes, 11 de junio de 2010

SE ACABARON LAS FIESTAS...POR AHORA


¡Estamos en moros! es un dicho muy popular en Elda durante las fiestas que cada año celebramos al finalizar mayo. Con él se pretende resaltar que esos días son un paréntesis en el tiempo, durante el cual la acritud, el desasosiego, las preocupaciones diarias, hay que aparcarlas y vivir con los sentidos todo lo que estas fiestas deparan, que es mucho y bueno.
No diremos que son las mejores, no tenemos derecho a decirlo, pues: en todos los sitios cuecen habas y en mi casa a calderadas, pero el grupo ha querido en su tertulia semanal, reconstruir los días pasados y fruto de esa tertulia surge el artículo semanal dedicado a las fiestas. Para algunos será solo una loa al localismo, para otros, posiblemente conocedores de ellas, quizás les traiga el recuerdo de momentos gratos y divertidos. De cualquier forma, quede aquí reflejado nuestro sentir y admiración por el resultado del trabajo de todo un pueblo.