
Al llegar septiembre, Elda recupera la actividad aletargada durante el verano. Las Fiestas Mayores, esas que durante más de cuatro siglos han ido construyendo un referente cultural en torno a nuestras tradiciones, se nos muestran como el marco idóneo para reencontrarnos con amigos y familiares, es el momento adecuado para tomarnos un respiro, pasear por las calles céntricas, volver la vista a ese escaso patrimonio arquitectónico y al cultural, más abundante e intangible.
En torno a leyendas como la de la venida de las imágenes, las advocaciones o los ritos y costumbres que nos llevan a escuchar en las Misas Mayores, los villancicos a los Patronos con música del maestro Gorgé y letra del poeta Francisco Laliga, correr la traca, tomar el mezclaíco o comer las fasiuras, se han construido estas fiestas, para unos de estricto contenido religioso, para otros suma de ideas y creencias, igualmente laicas como seglares, aunque mejor aprovechadas por el lado eclesiástico, el cual arrima el ascua a su sardina para interpretar la historia desde un aspecto partidista.
Sea como fuere, las fiestas de septiembre en Elda pasan por ser fruto de una profunda y arraigada tradición que, ni las ideas más extremistas han conseguido desterrar. Por tanto bienvenidas sean estos días para los creyentes y los que no lo son tanto, simplemente son días de encuentro para un pueblo sabedor de su pasado y consciente de cual es su futuro.
Por este motivo el grupo ha querido aunar criterios y en un ejercicio de memoria, no exenta de nostalgia, ha escrito el artículo que acompaña estas letras, para recordar el pasado y poner su granito de arena para la convivencia del presente.
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